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Trio en Buenos Aires. Siempre hermosa para el, excitante y tentadora, pero no sabia que esa tarde de pasión seria totalmente distinta a las demas

Era el mes de abril en Buenos Aires, habían pasado ya los calores infernales del verano y la ciudad estaba hermosa, otoñal pero en verdad primaveral, ya que el clima aún era cálido y permitía a las mujeres mostrar sus cuerpos aún bronceados por el sol de la costa...

B. estaba a pleno, hermosa, segura, altiva, se sentía observada por cada hombre (y más de una mujer!!) que pasaba a su lado y eso le encantaba, la hacía sentir bien, con el mundo a sus pies. Se dirigía a la dirección que él le había dado la noche anterior, en pleno microcentro porteño. Era un departamento en un piso 9 de la calle Esmeralda al 800....

Iba vestida con el tipo de trajecito de ejecutiva que a Max le gustan, ese que le hace pensar en lo inalcanzable que le parecía unos años atrás, cuando trabajaban juntos en aquella escribanía. Le encanta verla tan señora, seria, importante, femme fatale, con el anillo de casada y descubrirla tan erótica y caliente minutos después, y poder cojérsela de la manera en que lo hace.

La cita es a una hora prudente de la tarde, que no despierte sospechas si alguien la viera entrar al edificio. Max, según dijo, estaría allí esperándola. Sabe de sus miedos, que son los mismos de él, aunque no parezca.

Toca el portero y una voz femenina le pregunta su nombre. Duda si contestar o huir raudamente de allí...."¿Bárbara?, es usted?", se oye decir al comunicador eléctrico. "Si, Bárbara", responde. "Adelante, la están esperando". Su corazón palpita casi como aquella primera vez, en la escalera de su casa, pero confía en él, lo sabe incapaz de hacerle algo que la haga sentirse mal.... sin embargo otra persona es la que atendió y eso la inquieta, no le gusta exponerse a terceros....

Toca la puerta y la atiende Max, con una amplia sonrisa y uno de esos abrazos con que, cuando puede, suele recibirla, apretándola fuerte para luego besarla y acariciarle el pelo y decirle lo hermosa que está. Porque siempre está hermosa para él...

Pasan a un hall, pequeño, de donde se ven tres puertas, que están cerradas. Ella pregunta en donde están, y porqué la atendió una mujer en el portero. Él la mira con tranquilidad, le vuelve a sonreír, y la silencia, poniéndole un dedo índice sobre la boca. La hace pasar a uno de los cuartos, en donde hay una camilla en el centro, un par de sillones individuales, una mesa con algunos frascos de aceites y talcos y otras cosas que no alcanza a descifrar en esa primera mirada rápida del lugar.
El cuarto es cálido, tiene plantas y un par de cuadros en las paredes, alfombra mullida y música funcional muy discreta y suave.

"Te voy a hacer mi regalito de cumpleaños" le dice al oído, mientras comienza a desvestirla y a darle besos muy suaves en el cuello, mientras ella comienza a soltarse el pelo y a relajarse luego de los primeros temores por esa voz que la recibió y que, piensa ahora, puede tratarse de alguna recepcionista central para todo el edificio. Después de todo, en Buenos Aires, nada es sorprendente y una cosa así no suena tan descabellada, piensa, para encuentros discretos de personas que desean pasar desapercibidas. Un buen servicio.

B. queda en ropa interior, blanca, que resalta su piel. Max la sienta sobre la camilla, la recuesta y le pide que se ponga boca abajo. Luego saca de uno de sus bolsillos lo que parece un pañuelo negro y se lo coloca suavemente sobre los ojos, atándolo detrás de la nuca de B. Al acomodárselo, ella se da cuenta que se trata de un antifaz largo, que le cubre hasta la boca. Es una mezcla de máscara del Zorro y velo árabe.

Max se acerca por delante y saca su pija del pantalón para que ella, así como está, se la chupe. Lo hace con delicadeza, tragándosela toda. Él la retira y le dice "Esperame acá y no te saques esto", indicándole la mascarilla. Ella está mirando hacia afuera por una ventana polarizada cuando siente la puerta por detrás y la voz de Max que dice "ya estoy de nuevo". Max está desnudo, le vuelve a llenar la boca con su pija y al sacársela le dice al oido "quiero que goces mucho... Feliz Cumpleaños".
Dicho esto, comienza a masajearle el cuello y los hombros, y al cabo de unos segundos B. siente que otras manos se posan sobre sus piernas y comienzan a masajearla lenta y muy suavemente, haciendo que se tense por el susto. Max la tranquiliza acariciándola, diciéndole que se quede tranquila, que se trata de una amiga llamada Pamela, que le va a dar el mejor masaje de su vida....

B. quiere verla, entonces se da vuelta sabiendo que su rostro está resguardado y descubre a una joven y bella mujer, que le sonrie y le dice "Dale, recostate como estabas y relajate, que te vas a sentir bien"... Su cara aniñada y su cuerpo menudo y frágil convencieron a B. de que nada malo podría venir de aquella mujer, vestida de delantal blanco como si fuera una doctora.

"Tranquila", le susurró él mientras seguía acariciándole el cuello y los hombros y la miraba con dulzura. B. apoyó su cabeza de costado en la camilla (así podía ver a Pamela y a Max), cerró sus ojos y sintió como las 4 cuatro manos que tenía sobre su cuerpo la acariciaban de forma desesperadamente lenta, como si intentaran descubrir en cada centímetro de su piel algún secreto milenario.

Ambos la masajeaban muy suavemente, eran caricias muy sensuales, hechas apenas con la yema de los dedos, cosa que le hacía erizar la piel a cada momento. Al cabo de unos minutos, comenzaron a desparramarle un aceite muy suave, tibio, que facilitó la tarea de esas manos maravillosas.

"Separá un poquito las piernas" le pidió Pamela, y B. obedeció como si se tratara de una orden militar. Sus caricias comenzaron a hurgar en la parte interna de sus piernas. Eso produjo en B. una placentera sensación de excitación, sintió los dedos de Pamela correrse desde abajo hacia arriba con mucha delicadeza, primero en sus pantorrillas y luego en sus muslos, justo hasta el lugar en que ellos se juntan. Allí no la tocó, siguió subiendo por su cola, separándola, abriéndola, sin tocarla...el aire fresco le hacia sentir a B. esa apertura, esa exposición, y veía por el espejo como sus dos masajistas la miraban, como si quisieran penetrarla por alli en ese mismo momento.

Las manos de Max recorrían su espalda y los costados de sus lolas. Su pija estaba dura y parada, en muchas ocasiones a Pamela se le desviaba la vista, luego de lo cual le sonreía de forma cómplice.

En determinado momento Max y Pamela cambiaron de posición, colocándose uno a cada lado del cuerpo de B. y comenzaron, desde sus tobillos, a colocarle mas aceite. Fueron subiendo como si tuvieran esos movimientos sincronizados, ensayados de antemano. Las yemas presionaban con un poco mas de fuerza y cada tanto rozaban, como sin querer, el sexo ya húmedo de B. La abrieron, uno de cada lado, y le pusieron mas aceite en su ano...el placer de B. iba en aumento y ya no supo de quien era la mano que le masajeaba su agujerito trasero sin descaro. Instintivamente subió su cola y Max aprovechó para tomarla de la cintura y pedirle que se pusiera en cuatro, con su cabeza apoyada en la camilla. Durante unos segundos estuvo así, expuesta, sin que nadie la tocara. Max apareció por delante y le puso la pija en la boca, y mientras se la chupaba, B. sintió a Pamela jugar con su lengua en su húmeda conchita, brindàndole un placer que le pareció exquisito. La mujer de rostro aniñado estaba ahora desnuda y le separaba con sus dos manos los labios vaginales con sumo placer y cuidado, disfrutando de cada movimiento y asegurándose de que a B. le fuera subiendo la temperatura de todo su cuerpo.

Le frotaba el clítoris y con sus dedos habilidosos le pasaba jugos vaginales a su cola, "metele dos dedos en la concha y lubricale la colita", le había pedido Max segundos antes. Cuando Pamela puso sus labios y su lengua allí B. paró de chupar a Max porque no pudo contener los suspiros de excitación y placer que aquello le estaba provocando.

Pamela la chupaba ahora desenfrenadamente y le pidió uqe se diera vuelta, cosa que B. hizo sin poner resistencia. Max observaba atentamente, como aprendiendo de esa especie de geisha que era Pamela, observando atentamente como le estaba chupando la concha a su amante, como la estaba haciendo gozar. Fue hacia donde estaba ella, y abriendo mas las piernas de B., se colocó a su lado y le pidió que le dejara probar. Estuvieron ambos chupándola alternadamente, hasta que en un momento, en que Pamela lamía su agujero trasero, sintió que algo duro y grueso la penetraba....un consolador se estaba metiendo en su concha sin problemas y Max se subía en ese momento a la camilla, de frente a B., para ser chupado nuevamente.

"Cogeme" le pidió B. a Max, .... mas bien se lo suplicó. "¿Por donde?" le respondió él sabiendo que ella entendería lo que esa pregunta en verdad quería decir..."Por donde quieras", le sonrió...Max le pidió que se bajara de la camilla (ella seguía con su mascarilla y Pamela la miraba asombrada por la belleza de su cuerpo), volvió a ponerla en cuantro contra uno de los sillones, le ordenó a Pamela que le chupara bien el agujerito de atras y que le volviera a meter el consolador por la concha. Max le puso abundante aceite, luego de lo cual colocó su pija en la entrada y empezó a metérsela, abriéndola con sus manos. Se la metía y se la sacaba toda, para ver su agujero dilatado...eso era algo que le provocaba mucho morbo.
Estuvieron asi unos minutos, luego de los que B., que no paraba de pedirles que la siguieran cojiendo asi, estalló en un orgasmo que la sacudió toda.

Max se salió y Pamela sacó su consolador para ponerselo en su propia concha...Max la estuvo observando unos segundos y acomodando a B. en un sillón le pidió que le chupara la pija y se masturbara viendo a Pamela...
unos instantes mas tarde Max le dijo que tenía la lecha lista y Pamela se acercó....B. sacó la pija de su boca y apuntándola a la cara de Pamela hizo acabar a Max de tal forma que toda su leche fue a parar al cuerpo de aquella desconocida, que luego de eso los saludó y se retiró del lugar....


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