Eran las tres de la madrugada, debía apresurarme, de la ciudad al pueblo donde se encontraba la hacienda, habian dos horas y cuarto, si salía rápido, llegaría a tiempo para la cita, me bañe, tome un cafecito para despertarme y salí. Afortunadamente, por la hora, casi no habia trafico en la ciudad, tenia que atravesarla de punta a punta para tomar la carretera que me llevaría a la hacienda. Estaba a medio camino cuando caí en cuenta que la carretera se encontraba extrañamente sola. Esta situación me parecio especialmente preocupante, ya que últimamente la región se había visto infiltrada por la guerrilla. Lástima, se había acabado la tranquilidad y solo se oían noticias y rumores de secuestros, boleteo (cuota que exigían para no secuestrar o dejar funcionar las haciendas), afortunadamente nínguna de las dos me había afectado todavía, pero tarde o temprano los tendría a las puertas de la hacienda. Iba absorto en mis pensamientos, cuando de pronto, a la distancia veo un bus atravesado en la carretera. Trate de reaccionar inmediatamente, pero ya era tarde, no podia voltear y regresar. Seguro ya tenía guerrilleros atras y regresarse era exponerme a que me dispararan y asesinaran pendejamente. Era una pesca milagrosa, como le llaman a estos puestos que ponen en cualquier tramo de las carreteras y se llevan a la gente de bien secuestrados, luego averiguaban por sus estados económicos y a los que les sirven se los llevan. Bueno, eso me paso a mi. Allí iba yo, subiendo por la ladera de la montaña, dejando mi camioneta abandonada en plena carretera. Despues de caminar un largo trecho, llegamos al campamento improvisado de los guerrilleros, todos fuertemente armados, hombres y mujeres, niños de corta edad también, se nos acerco el comandante y nos fueron distribuyendo en la espesura de la selva. El grupo donde quede con otros cuatro secuestrados fuimos conducidos mas arriba de la montaña, caminabamos toda la noche entre riscos y precipicios donde dificilmente habia o llegaría autoridad alguna, aqui la ley, jueces y verdugos, eran ellos. Cuando al fin llegamos al lugar donde pernoctaríamos hasta que se pagara el rescate, era un plano corto de vegetacion abundante y desde donde se podia divisar cualquier intruso, nuestros cuidadores eran unos diez, entre los que habian siete hombres y tres mujeres, una de ellas Andrea, que supongo era su nombre de guerra, y quien me conto que a la edad de quince años habia sido llevada a la fuerza con la guerrilla, como aporte de sus padres, según ellos, a la causa. Ya hacia de eso casi tres años, ya era toda una mujer, curtida en la guerra, saltó de jugar con las muñecas a cargar un fusil. Era rubia, su cabellos a los hombros, piel blanca, una cara angelical, unos ojazos azules y expresivos, una boca pequeña, pero deliciosa, por su acento se que era del interior del país, estatura mediana, aún a través de su ropa de fatiga se podía decir que de cuerpo voluptuoso, un buen par de tetas, unas curvas impresionantes y un culo de infarto. Cautivos como estabamos, poco era lo que podiamos hacer, y nos dedicabamos a hablar mucho, para evitar que la ansiedad y el desespero nos volviera locos, cada uno buscaba con quien hablar y a mi me dió por hablar con Andrea, mi guerrillerita sensual. Llevabamos ya un mes de capturados, sabía que el proceso de arreglo es largo, como cualquier transacción comercial. Ellos piden, los familiares piden rebaja hasta que se acuerda un precio, que tristeza, la vida así no vale nada. Sabiendo eso, y con un mes ya sin echar un palito, ya tenía sueños humedos, con ella precisamente, y me despertaba nadando en mi propio semen, una mañana de esas que me desperte salí a desperezarme, sin darme cuenta que mis jeans mostraban una gran mancha de una corrida, y con una erección de caballo. Me dí cuenta que ella me miraba directamente a mi entrepierna y al mirarme me ví el bulto de mi pene, mas la gran mancha del jean. Me cago en la madre de estos desgraciados, dije para mis adentros. Volví a mirarla a ella, ví su sonrisa maliciosa y ese brillo en los ojos de erotismo. No se inmuto, no trato de disimular, - bien armado estas - me dijo, - me pregunto de que calibre sera? – Quede boquiabierto con su comentario, pero lejos de apocarme le dije, - La pregunta no es cuanto mide, sino si tienes suficiente donde guardarla- .Y se echo a reir, me dí cuenta que le gustaba, y por mis miradas, ella sabia que yo tambien gustaba de ella. Solo había que estar en el momento preciso y lugar apropiado, y soltarle los perros como decimos aquí. El momento llegó, un medio dia que hacia calor y le pedí
permiso al jefe del grupo, para refrescarme en una cascada donde nos llevaban
a bañarnos, con agua bien fria que bajaba de la sierra, Martín,
que así lo llamaban, comisionó a Andrea para que me vigilara,
y nos encaminamos hacia la cascada. Cuando llegamos ahí, me desnude
sin ningún pudor, y pude darme cuenta que ella pasaba revista de
mi, de pies a cabeza, deteniendo su mirada en la entrepierna. Mi pene
como si pensara por si solo, tomo la posición de firmes, como si
estuviera en fila esperando a que su sargento viniera a revisar su arma.
Me quede ahí parado, a ver que pasaba, Andrea se fue acercando
poco a poco. Lo tomó entre sus manos y suavemente empezo a acariciarlo,
antes de dejar su fusil a un lado me dijo, Diciendo esto me acerque y la bese. Nuestras lenguas se enredaron cada uno a su turno, recorria todos rincones de la boca del otro, como ya yo estaba desnudo mis manos raudas empezaron a desvestirla, primero le fui desabotonando la camisa boton por boton, no tenia brassiere, que par de meloncitos tenia, suaves tersos al tacto, duros por efecto de la exitacion y sus pezones en estado de erección completa. Y luego le toco la suerte al pantalon de fatiga que cayo al donde se encontraba el resto de su ropa y la mía. La arrecoste en una piedra grande y mi lengua empezó el recorrido de su cuerpo. Era una danza de guerra entre mi lengua y su piel que iba dejando un caminito de saliva, que con la brisa iba erizando su piel, mis manos apoderadas de ese par de tetas, que estaban ya turgentes, empece a amasarlas, sobarlas, pellizcarlas, chuparlas. Sus pezones fueron lamidos, chupados, mordidos, su respiracion entrecortada me decia que iba por buen camino, y sus gemidos que era una guerrera del sexo, lista a la batalla, y de las buenas, mientras chupaba sus tetas mis manos llegaron a su vagina, poblada de rubios vellos púbicos, que brillaban como una alfombrita de oro al darles el sol. Mi dedo medio empezo a recorrer esa vagina que al tacto hizo que Andrea incrementara sus gemidos, recorí primero sus labios externos que ya estaban humedos, y facilitaron el camino de mis dedos por cada rincon y pliegue de su vagina. La penetre con mi dedo medio, mientras con el pulgar atacaba su clitoris, para este momento su vagina, evidencia de que recibir mis caricias y mis besos la excitaban tanto como a mi hacerlas. Estaba encharcada y mi lengua comenzo su camino descendente a beber de ese manantial de pasión y lujuria. Me detuve a admirar una vez mas su vagina,y todo su cuerpo al mismo tiempo, sobre esa piedra no parecia una guerrillera, sino una sirena, que con su belleza y gemidos me tenia prendado. Recupere mis brios y volvi al ataque, ahora el campo de batalla era la jungla de su vagina y mi lengua se dedico a explorar sus misterios, con un concierto de jadeos y movimientos propios de una pasión salvaje, ella me demostraba que mi exploración le era muy placentera. A pesar de estar concentrado bebiendo de su manantial, no olvidaba las montañas de sus senos , así que mientras mi lengua recorria sus pliegues vaginales, mi mano derecha posesionada en el pico de su seno izquierdo, mi otra mano tomaba posiciones en su entrepierna,mi dedo medio le toco su retaguardia, su culito, y el indice exploraba su cueva vaginal, poco a poco entrando, dandole placer a mi gruerrillerita que en esos momentos era prisionera del placer. Con mis labios apretaba su clitoris, le daba pequeños mordisquitos, que le arrancaban gemidos de placer que eran llevados por el viento y se mezclaban con los ruidos de la naturaleza, sus piernas empezaron a temblar paroxisticamente, anunciando la llegada de su primer orgasmo, arrecie mi ataque y rindio sus armas, su orgasmo apoteósico, sus liquidos abundantes, como si se hubiera orinado, que manera de correrse. Me levante a admirarla de nuevo, ya no pensaba que estaba secuestrado por la guerrilla sino en los encantos de mi guerrillerita. Cuando se hubo recuperado, se sentó, me halo por el pene que estaba a reventar, firme mirando al cielo, y esperando para enfrentarse a la batalla. Cambiamos de posición. Ella agradecida por la forma en que la hice terminar , me dijo que era su turno de darme placer. Poseida por la pasión y la energía recién emanada de su cuerpo tras la explosión de placer, ella atacaba mis posiciones, con dedicación y ferocidad. Era un mujer, una mujer que había sufrido rudezas y privaciones, y según confirme después, nadie la habia hecho sentirse viva, como una compañera, y no un objeto para entretenerse durante sus largas noches en la soledad de la montaña. Mientras su lengua recorría mi boca y se deleitaba con su propio sabor en mis labios, una de sus manos pellizcaba mis tetillas y la otra recorria, en toda su dimensión, mi pene y testículos. La tensión sexual de tanto tiempo de cautividad y su orgasmo recién pasado, me tenian super excitado, y sus manos me llevaban al cielo, masturbandome con energía y habilidad.
Del dicho al hecho, hay poco trecho. Su lengua empezo a descender en busca de su presa, y tomo mi pene lo introdujo en su boca y empezo a darme la mamada de mi vida. Recorría el tronco de arriba abajo, con la punta de su lengua trataba de penetrar el orificio que coronaba mi glande, mezclado con chuponsitos que me hacian delirar, a esto sumaba su masaje en mis testiculos a los cuales halaba y apretaba con una delicadeza que me hacian temblar de pies a cabeza. No podía mas, sentía que mis testiculos se contrayerón. Trate de avisarle, pero me di cuenta por su mirada que ella ya sabía, y en vez de retirarse aumento el ritmo de su mamada y succión de mi pene, que estallo como un polvorin en su boca, y mientras las oleadas de placer me hacian temblar, mis chorros de semen inundaron su cavidad bucal que muy presta los recibia y deglutia a una velocidad fenomenal, note que esto la excitaba mucho, ya que no dejo de tocarse la vagina mientras lo hacia, manteniendo la succión al mismo tiempo hasta que mi pene se rindio y mis testiculos quedaron vacios de munición. Quedamos recostados, uno al lado del otro, recuperando fuerzas para la batalla final donde nos enfrentariamos cuerpo a cuerpo, tocandonos ligeramente y dandonos besos que poco a poco subian de tono mientras recuperabamos las fuerzas. Ella atacó primero, sabía que no teniamos mucho tiempo, y si demorabamos enviarían a alguien a buscarnos. Comenzó a acariciarme, a besarme y a exitarme de nuevo con mucha energía, mi cuerpo respondio al ataque arma en mano, mi pene. Estaba a punto de realizar mis fantasías de las últimas semanas. Esto hizo que mi arma endureciera y que pronto estuviera listo para tomarla. Decidí tomar posición de ataque. Me coloqué entre sus piernas y con mi pene en la mano acariciaba su felpuda vagina y atacaba su centro de mando, su clitoris, que crecia inmisericorde ante las caricias propinadas, rozandolo con la punta de mi pene. Andrea contoneaba su cadera en busca del intruso para capturarlo y llevarlo a su celda de placer, entre gemidos, me grito -Acaba por metermela de una vez, - penetrame que no aguanto y no hay tiempo. No me hize rogar, lo coloque en las puertas de su vagina y un golpe hice que penetrara hasta el fondo, la puñalada fue certera. Mi bayoneta fue abriendo las carnes, llegando al fondo de su vagina. Sentia como las paredes de su vagina apretaban y se ajustaban a la dimensión de mi pene, me gustaba como sus músculos vaginales acariciaban mi pene, era como si me lo chupara, que delicia, me sentia en la gloria, sabia que ella era ardiente y su forma de cualiar me lo corroboraba, que movimiento de cadera, me estaba ganando la pelea, pero no podia rendirme tan fácil.Arremeti con mas fuerza, la puse arriba y yo abajo. Así demoraria mas en terminar y ella asi controlaría su penetración, facilitandole su busqueda de placer. Que movimientos de cadera!!, era una licuadora de carne, con un dedo se acariciaba su clitoris, mientras yo le acariciaba su culito con una mano y con la otra no olvidaba de atender sus meloncitos. Sus movimientos aumentaron, sus contracciones vaginales también, anunciandome entre quejidos y suspiros su llegada al orgasmo, sus piernas se cerraron me apretaron espasmodicamente y empezo a correrse, mientra no aminoraba sino que aumentaba el movimientos de sus caderas. Sus fluidos bañaban mi entrepierna y testículos, que enredados en ese salvaje movimiento mandaron chorros de leche a inundar el frente de batalla, la guerra habia terminado y habia ganado el placer. Extenuados, recostados en la gran piedra yacian dos cuerpos sudorosos, pero llenos de satisfacción, por la cogida que nos acababamos de dar. Al voltear me di cuenta que sus ojos estaban anegados de lagrimas, que trataba de esconder pero que ya corrian como el agua del rio en que estabamos. Mientras se vestia, me contaba que llevaba una temporada larga sin mantener relaciones sexuales, su compañero sexual habia sido muerto en un enfrentamiento con la ley, pero que la soledad y sus hormonas la habian vencido. Comprendí que necesitaba estar un momento con ella misma, me retire a bañarme en las frias aguas del rio, teniamos que volver al campamento. Me encontre con la noticia que ya habían llegado a un arreglo con mi familia para el pago del rescate y que al día siguiente emprendería el descenso hacia la libertad. Al despedirme de mi guerrillerita muy temprano en la mañana le
di un abrazo muy fuerte, y al oido le dije - dejo aquí, en estos
parajes inhospitos, un pedazo de mi vida. Nunca te olvidare, si decides
salirte de esta locura, buscame te ayudare. -
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