En la tarde como a las 6, te esperaría en la entrada de un café. Te vería llegar y fingiría que no te conozco. Sin embargo mi mirada estaría encima de ti todo el tiempo. Me levantaría lentamente y pasaría a tu lado, rozando levemente tus hombros, para llamar tu atención. De regreso a mi mesa, pasaría enfrente de ti y te sonreiría, para después mandarte con el mesero, un discreto pañuelo, con un peculiar aroma. Aroma de pasiones y jugos de mi vientre que bajaron en días anteriores pensando en ti. El pañuelo traería un mensaje que diría, “sígueme si lo quieres”. Con ansiedad esperaría tu mirada de curiosidad y de morbo, para entonces abrir un poco mi boca mostrándote mi lengua que lentamente repasaría mis labios humedeciéndolos. En ese momento pediría la cuenta y me levantaría. Suponiendo que vas tras de mí, mi paso seria firme pero pausado,
para alargar el momento de nuestro encuentro hasta la esquina del café
donde hay un estacionamiento pequeño. Por fin me decido y voy directo a tu boca, para mordértela hasta
que duela, jalarte la lengua en trozos y después en pedazos. Tus
dedos empiezan a jalar mis caderas y me aprisionas contra tu pecho fuerte
y grande. Paso a tu cuello y mis manos buscan tu pene el cual esta ya
hinchado de placer. Cuando llegue la calma te besare suavemente y mezclare tu sudor con el mío para decirte que ya me tengo que ir, antes de que alguien nos vea, que fue sumamente placentero tener sexo con un extraño pero que lamentablemente me tenía que ir porque me esperan. Te pediría que me dejaras salir primero y en 5 minutos salieras tu para que nadie sospechara. Te imagino salir, ir a tu auto, buscar con la mirada si aun sigo ahí,
pero ya no estaré. Subes lentamente, fatigado y al estar enfrente
del volante, encontrarías una nota que diría “Que
descanses, nos vemos mañana y por favor..... no hables con extraños,
te amo”
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