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Primer encuentro. Era ella, la que con solo leerla me hacia correrme delante de mi PC

 

Aquellas noches me habían hecho obsesionarme. Siempre me había gustado el cibersexo, pero también era cierto que siempre fue algo que iba por rachas, por etapas. Al cabo de intentar tener cibersexo unas cuantas noches, no pasaba mucho para que, independientemente de encontrarlo o no, me pusiera a hacer otras cosas en mis madrugadas.

Pero esta vez no. Porque me había pasado algo que rara vez te pasa. Estas cosas que pasan muy de vez en cuando y que son las cosas que se recuerdan al cabo del tiempo. Cosas que valen la pena.

La verdad es que esta vez, tenía sentido quedarse de madrugada esperando tener la ocasión de sentarse enfrente de la pantalla. Hacía varias semanas que me había encontrado con la persona ideal para tener cibersexo, y la sola idea de sentarse enfrente del PC y ver aparecer su nick, Maroa, en mi agenda de contactos ya me excitaba... ya me excitaba de pensando lo que después vendría.

Llevábamos ya varías semanas hablando por las noches y ya incluso conocíamos nuestras voces por teléfono... era inevitable que por mi cabeza pasara la idea de conocernos en vivo.

Y por fin, aquello pasó. Después de una noche en la que ella hizo que, una vez más, me corriera sólo leyendo lo que ella decía, parece que al fin la convencí para que al día siguiente nos viéramos en aquella cafetería.

Habíamos quedado a las 5 y yo llevaba todo el día como loco pensando en el momento de conocernos. Aquella no era una cita a ciegas cualquiera, pues sólo de pensar en nuestras chateadas nocturnas no podía imaginar aquel café como una simple conversación acerca de nuestro trabajo, nuestras aficiones y nuestra vida en general... la idea de aquella tarde juntos sólo podía ser una: morbo.

Así que llegó la hora de arreglarme para salir al encuentro de Maroa. Hacía mucho frío en aquella época del año y me puse mis vaqueros negros y encima de una camiseta, un chaleco bien gordo de lana. Cogí mi coche y me planté en la puerta de aquella cafetería después de aparcar cerca. Con los nervios llegué 10 minutos antes.

Como ella nunca me mandó una foto, sólo sabía lo que ella me había contado... 1.68, morena, de talla 90-95 de pecho, con una bonita boca... podría haber miles de chicas de 24 años así. Opté por entrar en el local y sentarme en una mesa con un café, para entrar en calor más que nada. Me senté frente al escaparate de la cafetería en un lugar estratégico: apartado de la barra y donde podía ver la calle. Sólo podía estar pendiente de cada mujer que se aproximaba al local, imaginando que fuera ella, estudiando que se ajustase a lo poco que sabía de sus características físicas.

De pronto entró. No había duda de que era ella. Yo la llamé “¿Maroa?”, y ella se volvió hacia mi mesa y me sonrió como afirmando... ella si me conocía porque yo le había enviado muchas fotos mías. “Hola”, dijo ella con una sonrisa pícara en su boca... que por cierto, era verdad que es bastante bonita. Yo, con sólo escuchar su tono de voz ya supe que era ella... la que tantas noches, como la justamente anterior, había hecho que me corriera frente a la pantalla de mi PC.

Me levanté de mi asiento y nos dimos los típicos dos besitos de saludo... pero yo aproveché el momento para olerla. Me gustó el perfume que se había puesto aquella tarde. “Café con leche?”, pregunté. Y ella asintió mientras se sentaba enfrente del asiento dónde yo estaba.

Mientras fui a la barra sólo pensaba en lo que tenía en mi mesa: ella había asistido a la cita vestida con un chaleco de cuello vuelto blanco, una falda negra y unas medias del mismo color. Se había maquillado, aunque no mucho... pintados los labios y algo de sombra de ojos. Me gustaban las botas que había traído para la ocasión (siempre fui un maniático de los zapatos). Pero también pude comprobar que era verdad lo que contaba ella n el chat: grandes tetas que se podían dibujar debajo del chaleco blanco, y un culo de lo más apetitoso. Estaba esperando el café y la verdad es que tuve la primera erección de la tarde. Menos mal que yo estaba de espaldas a ella y no se podía notar... no sabía en que plan venía ella a la cita. Así que no quería que se me notase aquel bulto.

Esperé el café y se me bajó algo aquello... volví a la mesa con su café en la mano y con una sonrisa en la boca y me senté acercándole la taza.

“Bueno, qué tal?”, ella parecía muy segura de sí misma y rompió el hielo de la conversación, “Se te ve muy guapo”, afirmó... “gracias”, dije yo, ruborizándome algo por dentro .

Ella manejaba la situación a las mil maravillas, cuándo hablaba yo me miraba atenta y asentía con la cabeza o con pequeños “sís” a mis frases. Me gustaba que me mirase mientras bebía de la taza... no dejaba de poner sus ojos en mí incluso bebiendo.

En un momento de aquella conversación inicial, que inevitablemente versaba sobre el trabajo, el frío de estos días y esas cosas (la típica conversación rellena-tiempos que yo había tenido tantas veces y que no deseaba tener, como dije), ella terminó su café y se le quedó algo de espumita del mismo en su labio superior. Entonces, ella se la quitó no con una servilleta, no. Aprovecho para superponer su labio de abajo sobre el de arriba y seguidamente, paseo su lengua lentamente sobre el labio, mientras me miró con unos ojos que yo juraría q eran de deseo. Aquello me pareció de lo más excitante.

“Me ha gustado tu manera de limpiarte la espuma”, dije yo. “Lo sé, no olvides que sé muchas cosas de ti y de lo que te gusta y te excita”, replicó. Aquello hizo que mi polla volviera a despertar. Estaba claro que definitivamente se había roto el hielo y el morbo empezaba a salir por los dos lados, por eso empecé a notar como nuevamente me empalmaba.

Ella, sin dejar de mirarme a los ojos, me dijo “recuerda que me has contado muchas cosas sobre ti y de cómo te pones con ciertas cosas, así que quiero que sepas algo”, entonces ella se levantó de su sitio y se sentó en el asiento de mi lado de nuevo. Se acercó a mí y me dijo al oído muy bajito “quiero que sepas que vengo sin bragas”, entonces retiro su cara de mi oreja y me miró perversamente y a continuación volvió a susurrarme bajito al oído “... y quiero que sepas que estoy mojada ahora mismo solo de tenerte aquí al lado mía”.

Me volví loco y el bulto de mis pantalones era más que evidente. Ella siguió con su juego de susurros a mi oído y esta vez, cogiéndome una mano suavemente, me dijo “te gustaría comprobarlo?”. Entonces volvió a retirar su cara de mí y me miró. Yo asentí sin decir nada y dejé que ella me guiara y me dejara hacer lo que ella quería con mi mano en la suya.

Me puso mi mano justo en el final de su falda y cuidó de ponérmela en la cara interna de su muslo. La falda estaba estratégicamente algo subida y casi se podía ver medio muslo de cada pierna. Pude comprobar que aquello no eran pantys, que eran medias y con mi mano ahí, ella no dejaba de mirarme y me dijo “sube tu mano y lo sabrás”.

Y eso hice, empecé a deslizar mis dedos sobre el muslo, comprobando como de la tela de las medias se pasaba a la piel de su cuerpo... ella estaba caliente y seguí subiendo mi mano, perdiéndose de mi vista bajo su falda.

Entonces mis dedos llegaron al final y enseguida pude notar su coño. Estaba mojado y muy caliente. Deslicé mis dedos por toda la geografía de sus pliegues y noté perfectos los labios de su coñito... Mmmmm, ella estaba muy caliente, lo mismo que yo.

Yo la miré a la cara y pude ver como ella sonreía, como le gustaba notar mis dedos acariciándola. Entonces, se volvió a acercar a mi oído y me dijo “Te gusta?, pues no dejes de subir tus dedos y notar como no encontrarás ni un solo pelo, ya sé que te gustan los coñitos afeitados, y esta mañana me lo depilé para ti”.

Yo estaba como en una nube, casi había olvidado que detrás nuestra estaba la barra de la cafetería a unos metros y que no muy lejos de nuestra mesa teníamos a dos mujeres merendando juntas. Sólo podía tener la mente pensando en lo que me estaba ocurriendo en aquel instante. Volvió a acercarse a mi oreja y me dijo “Adelante, puedo notar tu polla dura con solo mirarte entre las piernas, sé que estás deseando de descubrir mi piel rasurada y yo estoy deseando que lo hagas”.

Entonces ella me busco con su mano la mía, la q estaba en el fondo de su falda, y buscó mis dedos subiéndolos por su coñito... estaba realmente caliente. Llegué a notar como, efectivamente, no había un solo pelo en su pubis. Eso hizo que mi excitación fuera aún más fuerte, si cabe.

“No dejes de tocarme, estoy muy caliente”. Y yo, que no podía hacer otra cosa, sólo movía mis dedos por debajo de aquella falda, acariciando toda aquella piel rasurada, cada centímetro, y pasando mi dedo por su clítoris. Lo movía en círculos, lentamente... sabía que le estaba gustando. Lo podía ver en su cara.

Me miraba mientras la tocaba, me miraba a los ojos pidiéndome más, gemía muy bajito, pero podía escuchar su respiración.

Entonces me dijo de nuevo al oído “vamos, cabrón, haz que me corra”. Eso me excitó muchísimo. Notaba como mi polla estaba a punto de hacer saltar los botones de mi bragueta deseando salir de ahí. Así que seguí moviendo mis dedos, ahora más rápido, parando un momento para introducir dos de mis dedos hasta el fondo de su coño.

“Aaaaahhh, síííí!”. Seguí moviendo mi mano, haciendo que mis dedos se movieran rápido dentro y fuera de su coño. “Síí, me corro”, dijo acercando su boca a mi oreja.

De repente me miró, cogió mi mano y la retiró de debajo de su falda. Realmente se había terminado corriendo con mis dedos. Mirándome con esos ojos perversos, y sin soltar mi mano de la suya, acercó mis dedos a su boca y los lamió suavemente... “Ves?, haces que me corra”.

Yo estaba como absorto, no sabía como reaccionar ante todo aquello, sólo notaba mi polla aprisionada bajo mis vaqueros, entonces decidí actuar y le dije “a mí también me excitas muchísimo, ves?”, y le cogí la mano, acercándola a mi paquete.

Ella pasó su mano por el bulto de mi pantalón, y de nuevo susurró a mi oído “apuesto a que darías lo que fuera por que te la chupara...”

La miré sin decir nada, no hacían falta palabras para que ella supiera que en mi cabeza sólo estaba la imagen de mi polla en su boca. Así que me dijo “te espero en el servicio de señoras, ven en dos minutos”

Se levantó de la silla, colocando correctamente los pliegues de su falda negra y se alejó meneando el culo hacia la puerta del servicio. Giró la cabeza para lanzarme una mirada perversa que me hizo creer que todo aquello era un sueño.

No pasó ni un minuto para que yo me levantara de mi silla y, disimulando un poco lo empalmado que estaba estirando un poco el extremo de mi chaleco (para que las dos que estaban merendando no fliparan más de lo que ya podían haberlo hecho antes), me dirigí hacia la puerta de madera de aquel servicio.

La puerta estaba entreabierta, golpeé la puerta con dos toques y escuché “pasa, pasa”. Abrí y allí estaba ella. Se había sentado en la taza del water y tenía las piernas abiertas, pudiendo así yo ver todo su coño perfectamente. “Cierra el pestillo”, lo que hice con una mezcla de excitación, nerviosismo y algo de miedo.

“Acércate”, “Vas a probar la mejor mamada de tu vida...”. Me acerqué y me dejé hacer. Ella se ocupó de todo, estaba sentada y su boca estaba justo a la altura de mi polla. Me desabrochó la bragueta botón a botón mientras me miraba a los ojos diciendo “Quieres que lo haga, eh?”, yo sólo asentía con la cabeza mientras sólo podía salir de mi boca un “sí”muy bajito.

Mi pantalón y mi bragueta estaban ya desabrochados del todo, y con dos golpes de muñeca me bajó los vaqueros y el pantalón hasta casi las rodillas. De este modo, puso cada mano en cada cachete de mi culo y se quedó mirando a mi durísima polla.

“Mmmmmm”, “me gusta tu polla, ¿quieres que te la coma?”. Yo, que ya no podía más, no pude más que agarrar su cabeza con mis dos manos acercándola violentamente a mi nabo. “Vamos, Maroa, sabes que estoy deseando”.

Ella se la metió bien dentro y así que yo la dejé hacer a su gusto. Uffff, realmente lo hacía muy bien, empezó por tener toda mi polla dentro de su boca, succionándola y aprentándola y a continuación, empezó a mover su boca, dejando que mi polla estuviera mitad dentro, mitad fuera a cada movimiento.

“Sí, sigue así, me encantaaa”. Sacó la polla de la boca y continuó lamiéndola suave, pasando toda su lengua desde el extremo hasta mi capullo, mientras que seguía apretando con las manos apretando mi culo.

De repente alguien llamó a la puerta... Maroa dejó un segundo mi excitada polla para levantar algo la voz diciendo “ocupado!”, y me miró de nuevo a la cara para decirme “La que sea va a tener que esperar a que te corras con mi mamada”... yo sólo podía alucinar con lo que estaba pasando.

Así que siguió conmigo. Pasó una mano de mi culo a coger la base de mi nabo y esta vez empezó a chupar mi capullo, rápido, moviendo su mano masturbándome al mismo tiempo, mientras me miraba a la cara. Paró de chupar un segundo sin dejar de mover la mano y me dijo “Vamos, quiero tragarme toda tu leche”

De nuevo le tomé la cabeza con una mano y ella cada vez movía su cabeza más y más fuerte, dejó de mover su mano en mi polla y se dedicó con ella a pasarla por mis huevos, ya muy duros. Podía sentir mi polla apretada fuerte dentro de su boca y cada sacudida que daba más cerca estaba de correrme.

“Aaaaaahhhhhh”. De repente me corrí y solté un larguísimo chorro de semen que cayó integro dentro de su boca. Ella se sobresaltó un instante, pero no se sacó mi pollón de la boca hasta que yo no dejé de temblar. “Trágatelo, sí”, dije.

Ella retiró su boca y pude comprobar como por la comisura de sus labios aun le quedaba algún rastro de mi leche... pero enseguida bordeó con su lengua aquello y todo quedó dentro de su boca... “Así?, así quieres que me lo trague?”

Ufff, aquello había sido espectacular. De repente, la puerta volvió a ser golpeada y esta vez, una vez que yo me puse de nuevo el pantalón y ella se arregló un poco el pelo, abrimos la puerta ante la increíble mirada de asombro de una de las dos mujeres de nuestra mesa de al lado. Que estaba allí esperando para usar el servicio.

Maroa pasó a su lado y le sonrió pícaramente, mientras me tocó el culo ante nuestra “vecina de mesa”. Apuesto a que pensó que le hubiera gustado que ella lo hubiera visto todo. Nuestra vecina entró sin decir nada, muy alucinada, al servicio.

De nuevo llegamos a la mesa y me dijo esta vez “Dani, tengo que irme, me ha gustado mucho conocerte. Espero verte esta noche en el chat”

Y así, sin más, me dejó allí, saliendo por la puerta de la cafetería. Pagué y me fui a casa. Fue entonces cuando escribí este relato para que ella lo leyera. Espero que cuando la vea en el chat esta noche le guste leerlo y vuelva a ponerse igual de caliente de recordar nuestro primer encuentro. Espero que sí, porque sólo escribirlo ya hizo que mis ganas de ella se multiplicaran y que mi polla de nuevo esté con ganas de volver a vivir algo así.

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